Cada día a las ocho se rompe el silencio y se da paso a la esperanza.
Se escuchan primero los ladridos de los perros y luego le siguen las sirenas.
Vienen de fondo los gritos y aplausos de otros barrios y se abren las ventanas de mis vecinos.
En mi barrio pitan silbatos, dan aplausos, tocan cacerolas, ladran perros y, de fondo, suena la canción resistiré.
Hay días en que se me nubla la vista cuando empieza el griterío.
Y así llevamos 29 días.
Ojala aprendamos algo de todo esto y salgamos siendo mejores personas. Me ha encantado tu blog, me quedo de seguidora y te invito a que te pases por el mío si te apetece (es Relatos y Más, es que aparecen dos en el perfil).
ResponderEliminarUn abrazo.