Paro el tiempo al lentamente soltar de mis pulmones a la boca el aire que llevaba minutos conteniendo.
Y respiro
Respiro como si realmente fuera la primera vez en mi vida que lo hago, porque parece que así sea. Que por mucho que respire a cada momento todo el rato me parece que no avanzo y que la vida se me repite como la peor de las comidas. Y es que ya ni me apetece levantarme a luchar por un futuro porque se que no va a llegar nada así a mi vida. Que el mundo se me viene encima cada vez que salgo a la calle y lo único que quiero hacer es desaparecer.
Llueve fuera y desearía poder salir para transformarme en agua y mimetizarme con el resto de gotas para así desaparecer, ser una más en la corriente.
Pero nada de eso ocurre.
Tumbada aún veo la vida pasar, los minutos corren y vuelan y saltan y yo los miro con la mirada perdida deseando solo ser uno más de ellos para poder desaparecer antes de que nadie se de cuenta de que he existido.
Pero que bonito
Que bonito el nacer del tecleo de las teclas en un ordenador, como cuando los dedos chocan contra las teclas del piano y crean esos singulares sonidos antes del ruido, tac tac tac..., pues yo soy sonido después del ruido, eco de un alguien que vive dentro de mi escritora pero que, en realidad, no existe. Y supongo que en el fondo si soy tiempo, o carezco de él, depende de si este yo que ahora es texto se pierde en el olvido o es leído mil veces. Porque ojos recorriendo mis letras me hacen inmortal.
Mírala escribir a toda velocidad queriendo pegarme al papel en forma de letra, tatuando a tinta las hojas de la red.
Y salgo de ella como salen las lagrimas de los ojos, lentamente y llevándose lo malo.
Esta es mi historia y aqui acaba la misma, efímera como mis ganas de contarla, pero aquí estoy, continuando mi relato.
Hasta el fin.