Solo hay miedo y lágrimas en estas calles de Barcelona. En las ciudades de los alrededores, todos nos llevamos las manos a la cabeza y rezamos para que se detenga. El humo de las llamas cubre el cielo y por la mañana no se ve al sol salir. Una pesadilla que ya lleva días arrastrándose y parece no detenerse.
En Cataluña, tenemos miedo. Somos un pueblo al que le duele el pasado, lucha por su presente y aspira a un futuro mejor. Pero aún así, estamos asustados. Muchos querrán independencia, otros muchos no, pero en el fondo todos sentimos igual. Queremos que esto acabe bien, y pronto, y sin dolor.
Pero el dolor no se detiene, y cada vez va a más. ¿Cuán alto tenemos que subir las manos para que vean nuestra paz?, ¿Cuánto más tendremos que obedecer para que comiencen a oírnos?
Yo no pido la independencia, yo no opino así, pero creo que pedir voz y voto no debería ser algo ilegal a día de hoy. Creo que si un pueblo entero pide a gritos algo, se le debe escuchar. Y si no se le escucha, si se ignora su voz, el pueblo al final se enfada. Y no me extraña, pero me apena.
La noche pasada todos nos fuimos a dormir mirando las noticias, viendo como el corazón de nuestra tierra estaba siendo quemado. ¿Y ahora qué haréis? ¿Nos dejaréis hablar o tendremos que seguir gritando?
Yo solo lloro desde mi cuarto, en una ciudad lejana al peligro, con miedo de que todo esto vaya a más. ¿Puedo salir de casa sin sentirme insegura?