Se aproximaba un estruendo que antes de llegar ya era
anunciado por su eco.
Todos alzamos las cabezas ante el gran sonido.
Ahí estaba, impactante, grandioso, impresionando a nuestros
oídos, llamando la atención de todo ser humano que lo oyese.
Ahora era turno del
humano a moverse. Los pies comenzaron a avanzar hacia el tren y se metieron en
él. Voces y gritos los acompañaron. Ya estaban todos dentro del tren. El grito
de los motores comenzaba a salir.
De nuevo, el estruendo anterior reinó en nuestros cuerpos y
los humanos restantes nos quedamos en silencio rindiendo culto al ruido mayor.
Hasta que se fue... Y solo dejó tras de si el sonido final.
Las vías del tren comenzaron a vibrar.

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