Somos agua. Agua que sigue el camino del río, sin muy bien nunca saber dónde va a parar. Somos agua que se desliza sin entender muy bien porque se encuentra en el río pero que, aún así sigue el camino, sin desviarse, justo por donde la vida o el destino nos dice que debemos ir.
Soy agua. Soy ese agua que se ilusiona, que hace amigos y los pierde, que tiene una familia que la quiere, que sueña con ser artista, que no quiere ser una más, pero que a la vez, como todos, lo es.
Soy agua, y como el agua, no soy única. Ni la primera ni la última que pasará por este río. Agua que siente, que sufre, que se derrumba. Soy agua y como agua no soy única pues el dolor que siento muchos ya lo sintieron antes pero para mi es tan nuevo. Desgarra. Un dolor que es como una bola de demolición. Un castillo de naipes que cae a mis pies y se convierte en simples cartas esparcidas por el suelo. Y ahora, en el suelo, sigo buscando espera
nzas para levantarme y no derramar más agua.
Somos el agua de los ríos, ríos que se cruzan entre ellos y luego se separan, y a mi esa separación es lo que me parte. No es la primera vez que pierdo en esto, no es la primera vez que me dicen "me voy", pero duele como la primera vez.
La amistad es efímera, no juegues a perder el tiempo que no podrás recuperar. Disfruta de casa segundo, pues no volverá.

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